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1 al 3 de Diciembre
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RODRIGO HERNÁNDEZ: ARTE PARA TODOS

Al frente de la galería Tiro al Blanco, Rodrigo Hernández promueve la obra de los artistas a los que representa e impulsa la formación de nuevos públicos.

A finales del 2013, Rodrigo Herández abrió las puertas de la galería Tiro al Blanco en Guadalajara. Se trataba de una etapa más en la relación que, directa e indirectamente, había entablado con el arte desde hacía más de 12 años.

Con estudios en Derecho y una carrera en Finanzas, Hernández comenzó su camino profesional en 2006 en Preta, una empresa familiar hoy extinta que por aquel entonces se dedicaba a la exportación de artesanías, las cuales eran expuestas por distribuidores en eventos especializados en diseño, como el Salone del Mobile, en Milán.

Esa experiencia resultó enriquecedora, en más de un sentido: “El intercambio cultural que tuve ahí y el acercamiento con arquitectos, diseñadores y coleccionistas detonó mi interés por coleccionar”, recuerda en entrevista. Fue así como, a los 18 años, se inició en el circuito del arte desde la adquisición, con una carpeta que contenía la obra gráfica de artistas modernos mexicanos, como Vicente Rojo o Boris Viskin.

“El intercambio cultural que tuve ahí y el acercamiento con arquitectos, diseñadores y coleccionistas detonó mi interés por coleccionar”

Pronto ganaría una visión periférica del arte y también de su mercado, al entrar formalmente a trabajar en el equipo de ventas de la galería Plataforma y de la revista Taxi, una publicación bimestral también publicada por la galería. Ambos negocios, hoy desaparecidos, sembraron en Rodrigo el interés de fundar un proyecto propio relacionado con el arte; uno donde tuviera mayor injerencia en el programa y en la toma de decisiones.

En 2010 concluyó su etapa en Plataforma y comenzó a asesorar a coleccionistas de manera independiente. En su tiempo libre diseñaba los planes de un proyecto mucho más ambicioso: abrir su propia galería de arte: “Fue un proceso de un poco más de dos años. En 2013 ya estaba decidido a empezar”.

A finales de ese año, Tiro al Blanco abrió en una casa de Guadalajara, ubicada cerca de la glorieta la Minerva. El espacio pronto le quedaría chico: “En 2015 me vi en la necesidad de buscar un espacio que le permitiera a los artistas proponer proyectos de otra índole”, explica.

Entre más de 300 propiedades, había una que parecía ajustarse perfectamente a sus necesidades: una fábrica textil ubicada cerca de la zona centro de la ciudad y que llevaba más de 20 años abandonada. Se mudó tan pronto como le fue posible.

Junto a su equipo, Hernández puso manos a la obra: colocó concreto nuevo e instalaciones eléctricas y recuperó el ladrillo de los muros de la construcción original, así como los pisos de la entrada y del patio central, los cuales datan de 1920. En tan solo ocho semanas la remodelación estaba lista. El proyecto fue reconocido por Arquine, revista especializada en arquitectura, quien le dedicó la historia de portada de su número 52.

“Fue un proceso de un poco más de dos años. En 2013 ya estaba decidido a empezar”

El resultado también le proporcionó a Tiro al Blanco más de mil metros cuadrados para exhibición, los cuales están divididos en un cuarto de proyectos y dos salas principales. Un escaparate del trabajo de los artistas de la galería, grupo al que Hernández define como ecléctico: “Me interesa tener artistas que sean sólidos en sus procesos, pero que tengan un diferenciador bastante importante entre ellos. Actualmente, la galería representa a cinco artistas, todos de distintas edades y con distintos acercamientos temáticos”.

Ellos son el artista británico Garth Evans, y los mexicanos Roberto Turnbull, Enrique Hernández, Iván Estrada e Isa Carrillo. A esta lista, Hernández pretende añadir tres nombres (aún por definir) en los siguientes meses.

Desde sus inicios, Tiro al Blanco no ha pasado desapercibido por el mundo del arte. La galería es una invitada habitual a ferias como Untitled en Miami o Zsona Maco en la Ciudad de México y ha colocado la obra de sus artistas en colecciones como las de la Fundación Calosa o Alumnos47.

El papel de la galería también promueve otro de los intereses de Hernandez: la formación de nuevos públicos. Para conseguirlo, ha desarrollado la iniciativa Actual, un programa educativo de introducción al arte contemporáneo que propicia un ambiente cordial donde el público puede preguntar cualquier tipo de dudas acerca del arte contemporáneo.

Durante la pandemia, Actual se desarrolló a través de tres charlas gratuitas con resultados muy puntuales, como lo explica Hernández: “Hablamos sobre arte contemporáneo con más de 300 personas. Quienes toman el curso posteriormente forman parte de un grupo al que llamamos Egresados, donde nos reunimos alrededor de 120 personas para platicar. Tener una comunidad de personas con las que puedas hablar sobre temas de arte es muy interesante. Algunos además se están convirtiendo en coleccionistas”.

En ese sentido resulta pertinente la participación que Hernandez tendrá dentro del programa de Local Mil Ochocientos, donde impartirá una charla en formato de diálogo con la que se busca que los asistentes también expresen sus preguntas e inquietudes sobre el arte. Iniciativas como estas atienden, además, problemáticas muy claras, como lo explica: “Si no existen públicos no se van a llenar las exposiciones, ni tampoco va a crecer el mercado del arte, ni el número de galerías. No solamente en México; en el mundo hay grandes colecciones privadas que ya cumplieron su cuota de adquisiciones y que ya no están comprando al ritmo que lo hacían hace 10 o 15 años. Si no hay nuevos públicos, ¿qué va a pasar? Por el lado de las instituciones, ¿para qué quieres tener museos si están solos?”.

En ese contexto, su charla podría ser la oportunidad perfecta para que los asistentes salgan
con nuevos intereses y perspectivas.

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